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A todos nos gusta sentir placer, estar bien con nosotros mismos y con los demás, reírnos, pasarlo, etc., en definitiva, sentirnos tranquilos, sin el estrés cotidiano que nos genera el trabajo o las mil y una responsabilidades en casa o con los hijos. Algunos, para desestresarnos, hacemos yoga, pilates, deporte, ir de compras, ver una película, salir a cenar… pero otras personas, en cambio, encuentran la manera de relajarse y dejar de estar agobiados a través del alcohol u otras drogas (cannabis, cocaína...). Estos comportamientos son, sin embargo, peligrosos, pues aunque los efectos nos ayudan momentáneamente (evasión, adormecimiento o incluso sociabilidad), a medio y largo plazo resultan más perjudiciales tanto para la salud física como para la salud mental.

Es bien conocido a día de hoy que el consumo de cannabis ha aumentado en la población general, e incluso se está legalizando su consumo en algunos países. El cannabis es una planta natural utilizada como psicoactivo. Sus efectos, de rápida aparición, varían según la dosis, el tipo de cannabis, u otros factores personales. Así, inicialmente, dosis bajas pueden producir sensaciones placenteras de calma y bienestar, aumento del apetito, cierta euforia, locuacidad, sensación de ingravidez (sensación de estar volando), y enrojecimiento de ojos. Igualmente, se observan dificultades en los procesos mentales complejos, en la coordinación, un aumento del tiempo total de sueño y, en ocasiones, pérdida de la percepción de ubicación.

ALCOHOLISMO Y DIFERENCIAS DE GÉNERO

 El presente artículo pretende dar una visión generalizada de la diferencia entre el tipo de consumo de alcohol en las mujeres y en los hombres. Estudios epidemiológicos señalan que el consumo de alcohol en las mujeres ha aumentado en los últimos años, aspecto que ha generado atención por parte de los especialistas a la hora de realizar un análisis y un tratamiento especificado.Es importante señalar que existen características diferenciales cuyo conocimiento es importante para iniciar un tratamiento precozmente. Las investigaciones más recientes evaluadas desde una vertiente cognitiva y motivacional se centran en el estudio de la relación entre las expectativas y el consumo de alcohol, y la influencia que dicha relación puede ejercer en las diferencias individuales, específicamente las debidas al género.

La presencia de una persona con una adicción en el núcleo familiar supone una afectación directa de todos los miembros, viéndose afectados y manifestando un funcionamiento desajustado al igual que el adicto. La adicción es una pérdida de control absoluta sobre la conducta de consumo, siendo esto último lo único que mueve a la persona, pese a los graves perjuicios que genera tanto para ellos mismos como para las personas de su entorno. Es por esto, que los familiares presentan una preocupación excesiva y desmesurada por evitar, salvar o controlar la adicción de su familiar.

La presencia de una adicción en la vida de una persona se instaura con tanta fuerza que requiere de una fuerte motivación interna al cambio para abandonar la conducta adictiva de manera permanente.  Cuando un individuo se inicia en tal consumo o realiza una conducta compulsiva no valora la repercusión real que esto puede tener en su vida, simplemente se valoran los aspectos positivos y el efecto placentero de la misma. Este balance decisional tan determinado por la observación exclusiva de los aspectos positivos y la ausencia de negativos permite que el consumo avance de tal manera que finalmente da lugar a una dependencia, o lo que es lo mismo, la presencia de una enfermedad crónica dada la alteración bioquímica cerebral que mantiene.

TDAH, TUS, Adicciones, Impulsividad

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una disfunción de origen neurobiológico que produce cierto grado de inmadurez en los sistemas cerebrales que se encargan del regular el nivel atencional, de impulsividad y de movimiento de las personas. Ateniendo a los criterios diagnósticos de la APPA, el déficit de atención es un trastorno caracterizado por un patrón persistente de inatención y/ o hiperactividad-impulsividad, que interfiere con el funcionamiento o desarrollo de la persona.

 

En el último mes nos han conmocionado las terribles noticias sobre el atropello y muerte de varios ciclistas en nuestras carreteras españolas. Según informa la DGT, en lo que va de año han fallecido un total de 18 ciclistas.

Estos datos han hecho saltar las alarmas sobre el preocupante índice de personas que conducen bajo los efectos de diferentes estupefacientes. El consumo de alcohol y otras drogas generan cambios en el estado mental de las personas, quienes presentan pérdida de reflejos, enlentecimiento motor, distorsiones visuales, inatención, descontrol de impulsos, y agresividad comportamental entre otros.

 Un síntoma asociado a múltiples patologías

 

En términos generales se puede pensar que el estrés funciona negativamente en los individuos, pero esto no es del todo real. Existe un nivel de estrés que resulta adaptativo y mejora la funcionalidad del individuo, es decir, bajo niveles de presión moderados desempeñamos con mayor eficacia y rendimiento nuestra tarea. Mantener un nivel de activación que no implique la presencia de estrés es algo complejo, especialmente por el estilo de vida y la cultura en la que vivimos. Asiduamente, nos enfrentamos a días repletos de diversas exigencias y constantes retos bien sean personales o profesionales, que incrementan nuestros niveles de estrés.

 La depresión se define como un trastorno del estado de ánimo que se traduce en un descenso del humor que termina en tristeza, y se manifiesta a través de diversos síntomas y signos de tipo vegetativo, emocionales, cognitivos y conductuales que alteran los ritmos vitales y persisten por un periodo mayor a seis meses. Los síntomas psíquicos incluyen desinterés, tristeza, desmoralización, disminución de la autoestima, apatía, etc., mientras que dentro de la sintomatología somática se pueden resaltar aspectos tales como alteraciones en el apetito, disminución o aumento de peso, astenia, alteraciones del sueño con periodos de insomnio y somnolencia, etc.

  La cleptomanía es aquel trastorno que se caracteriza porque las personas no se pueden contener a la hora de robar. Generalmente son cosas que no se necesitan y suelen tener poco valor, aunque pueden darse casos cuya economía del objeto es elevada. Siguiendo los criterios diagnósticos, se encuentra dentro de los trastornos del control de los impulsos, ya que existe una dificultad recurrente para controlarse a no robar, se tiene la sensación de tensión antes de cometer el robo, así como bienestar tras realizarlo. Sin embargo, posteriormente aparecen sentimientos de culpa y vergüenza por la realización de dicho robo, lo que conlleva a largo plazo a sentimientos depresivos, que junto con los sentimientos de ansiedad que generan los impulsos por robar, crean auténticos problemas en las personas que lo sufren.